“De visita en Seattle para dictar un seminario a una sala llena de ávidos seguidores, el doctor Burke Ryan conocerá inesperadamente a la única persona que finalmente pudiera ayudarlo a ayudarse a si mismo. A punto de firmar un contrato importante, Burke tiene el mérito de pedir a sus pacientes que enfrenten de frente su dolor pero es incapaz de seguir sus propios consejos. Decepcionada de los hombres, Eloise Chandler ha decidido olvidarse de los hombres para dirigir toda su energía hacia su boutique floral. Sin embargo cuando conoce a Burke en el hotel donde el esta dando el curo la atracción entre ellos es instantánea. ¿Pero que ocurre cuando dos personas conocen en el peor de los momentos a la persona que pudiera ser perfecta para ella? ¿Le darán otra oportunidad al amor? Al batallar con el dolor infligido por el amor perdido cada uno abrirá los ojos antes otra verdad: si no sueltas el pasado no podrás ver al futuro. Sin logran abandonar los recuerdos del pasado doloroso se darán cuenta que el amor llega cuando menos lo esperas”.
Las líneas anteriores narran aparentemente una historia romántica entre un conferencista (Burke Ryan) y una chica decepcionada de los hombres (Eloise Chandler), sin embargo esta historia sencilla y simple encierra mucho más que una historia de amor y romance a la que posiblemente muchos estén acostumbrados a ver en la salas de cines.
El protagonista Burke Ryan, quien es un afamado conferencista, nos sirve de inspiración para reflexionar sobre el verdadero perfil y cualidades que debe poseer un psicoterapeuta o cualquier otro profesional de ayuda, sin embargo antes de hondar en este aspecto es importante tomar en cuenta la crisis por la cual atravesaba el ya nombrado conferencista, desde años atrás Burke vivía un duelo interior producto de la muerte accidental de su esposa, se sentía culpable, triste, vacio y su vida carecía de sentido.
Sin embargo, en su faceta de conferencista, logro ayudar a muchas personas a superar sus propios miedos, encontró fama, prestigio y dinero, incluso ayudo a muchos que padecían su mismo karma. Su determinación, su asertividad, su capacidad de reír incluso cuando su ánimo y espíritu estaban por el suelo, su empatía, su actitud positiva, son unas de las tantas cualidades que nos hacen vernos al espejo a todos aquellos que decidimos en algún momento direccionar las velas de nuestras barcas hacia los mares de la ayuda al prójimo.
En ningún momento sintió lastima o por lo menos nunca la demostró ante los casos más fuertes y críticos que se le presentaron, siempre tuvo una palabra a tiempo para aquel que la necesito y mejor aun supo dejar a un lado por un momento su pesar por un momento y asumir un rol acertado para cada situación.
Actitudes como esta son ejemplarizantes para cualquier persona y aun mas para cualquier psicoterapeuta o profesional de ayuda, saber separar un rol de otro, tener empatía, carisma, una actitud positiva ante la vida, entre muchas otras cualidades son esenciales en aquellos que nos dedicamos a tan delicada e importante labor, sin embargo, y desde una percepción personal existen dos aspecto fundamentales y que considero valdría la pena resaltar en estas líneas, las cuales son La sinceridad y La Vocación de Servicio, la primera tanto con aquellos que acuden en nuestra ayuda y por sobretodo con nosotros mismos; y la segunda con la labor que desempeñamos, la cual, considero debe ser desinteresada y de corazón.
Cuán difícil es ser sincero y tener la capacidad de decir la verdad por muy cruda y triste que ésta pueda ser de una manera asertiva y en el momento adecuado, mas aun lo es cuando esa verdad se nos pone cara a cara y nos confronta con nuestra propia realidad. Se nos hará imposible entonces evadir la realidad y en algún momento tendremos de una forma u otra que sincerarnos, perdonarnos si es el caso o asumir responsabilidades si la situación así lo amerita. De esta forma podremos ser quienes realmente somos, ser auténticos y únicos, sin mascaras, sin mentiras ni caretas y solo así, al encontrarnos con nosotros mismos amarnos e irremediablemente amar a otros.
Solo así podremos enrumbar nuestra existencia hacia una vida de servicio, no sin antes sincerarnos también con nuestra vocación, la cual considero debe ser desinteresada, abierta a cualquier posibilidad de dejar todo por ayudar a aquel que realmente lo necesita, cumpliendo la premisa profesada por Viktor Frankl: “no se trata de lo que esperes de la vida, sino, de lo que la vida espere de ti”.
Un aspecto resaltante en el Film que inspiro estas líneas es la capacidad de su protagonista de engañarse a sí mismo y a su vez a muchos otros, pero como dice el dicho, “la mentira tiene patas cortas”. Uno de los casos más críticos de entre los asistentes a su conferencia era el de un contratista que se culpaba a sí mismo por la muerte de su hijo. Como se dijo en líneas anteriores no se puede hacer mucho cuando la verdad, fría y cruel, te persigue a todas partes y te toca al hombro diciendo “es hora de enfrentarme”.
Burke intento (y lo logro) de muchas maneras ayudar a este hombre, quemo sus propios pies para ayudarlo de manera encubierta a superar sus miedos, dedico tiempo y esfuerzo para ayudar a alguien que causalmente padecía su mismo karma, sin embargo y al igual que muchos, intento resolver sus conflictos internos por medio de otro lo cual le hizo aun más complicada la labor de ayudar, porque como ya lo dije, no se puede dar lo que no se tiene.
No fue sino hasta que logro sincerarse consigo mismo y con otros, cuando logro perdonarse a sí mismo y a su vez encontrar el perdón de otros y cuando logro amarse a sí mismo y a su vez a otros cuando al fin todo su esfuerzo, todas sus palabras y horas de ayuda a otros obtuvo un verdadero valor y un verdadero sentido. En resumen no fue sino hasta que llego el Amor propio a su vida que todo pudo fluir como el agua cristalina de un rio y así darle un nuevo sentido a su vida
No hay comentarios:
Publicar un comentario