Como quieres Morir?


¿Como quieres morir?

La pregunta que titula estas líneas, puede, para muchos tornarse impertinente, molestosa, a muchos causar angustia, a otros miedo, para otros no muy pocos, será una de esas preguntas filosóficas, como, ¿quién soy? o, ¿a dónde voy?, que  simplemente no vale la pena ni el esfuerzo contestar o tomarse la molestia de buscarle alguna respuesta, aun y cuando la simplicidad aparente de éstas tan solo requiera de un ser humano, con una cabeza pensante y unos escasos años vividos. ¿Cómo Quieres Morir? Mucho más sencillo resultaría para algunos responder a la interrogante de, ¿Cómo quieres vivir? Las respuestas caerían como gotas de lluvia en el invierno, algunas respuestas saldrían de nuestras bocas tan veloces como los como vientos huracanados, casi atropellándonos a nosotros mismos al verbalizar, escasos segundos separarían las respuestas de la pregunta; feliz, tranquilo, con mucho dinero, ¿Cómo quieres vivir? Alegre, sin preocupaciones, solo, acompañado, siendo reconocido, con mucho poder, sin que me falte nada, con mucha salud etc., Etc. Etc.
No está mal pensar así, ni mucho menos estaría mal vivir así, sin embargo, en ocasiones la conciencia nos obliga de una forma u otra a pensar y buscar una respuesta, aunque no queramos, a esa pregunta que muchos en algún momento llegamos a menospreciar, ¿Cómo quieres Morir? Quitando los lentes del materialismo, quitando lo físico, lo carnal, los prejuicios y las negaciones, los preconceptos y los sistemas de creencias que muchas veces atan a lo más puro y humano de nuestro propio ser, encontramos a veces sin querer y otras pocas queriendo, una realidad que le da un sentido trascendente a esa simple pero importante pregunta, Moriremos exactamente de la forma en que vivamos nuestra vida.
Viktor Frankl, un hombre que vivió la muerte muy de cerca pasmo alguna vez estas letras: “La muerte como final de tiempo que se vive sólo puede causar pavor a quien no sabe llenar el tiempo que le es dado a vivir” al leer esto se me hace imposible olvidar las palabras de aquella anciana de sabios consejos, -que irremediablemente nunca escuche- cuando decía, ya en su lecho de  muerte; “hoy puedo morir tranquila, pues ya me he entregado a dios” todos recordamos aquella mañana, como por arte de magia y de la formas sublime, aquella anciana de 80 años tan solo cerro sus ojos, se recostó y dio su último aliento a este mundo que hoy conocemos.
Si hoy me preguntan cómo quiero morir, diré sin dudar que en la paz que solo aquellos que logran llevar una vida con sentido pueden tener, y no me refiero a morir sin darme cuenta, muy por el contrario quiero que mi muerte sea tan consciente como lo pueda haber sido mi vida, quiero sin dudar, tener la oportunidad de mirar hacia atrás y reconocer mis errores sin miedo y con el orgullo de no haberme fallado a mi mismo, poder decir con la frente en alto que aunque me caí me levante, que aunque falle y tuve aciertos y desaciertos jamás perdí mi dignidad, quiero morir sabiendo que moriré, conscientemente, pero en la paz interna que solo se tiene cuando se ama lo que se hace.

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